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La huella ecológica de la electricidad: ¿Cómo medimos el impacto ambiental de la producción eléctrica?
Emisión de contaminantes a la atmósfera

Quemar combustibles fósiles (carbón, petróleo o gas) para producir electricidad, supone generar diversos compuestos como subproductos de la combustión. Su cantidad y calidad depende de varios factores:

• El tipo de combustible utilizado (por ejemplo, el carbón genera gran cantidad de partículas en suspensión, mientras que el gas natural apenas las produce).

• La variedad empleada (por ejemplo, el contenido en azufre del fuel utilizado).

• El procedimiento de combustión (por ejemplo, el carbón se puede quemar de manera convencional o en lecho fluído).

• Y por supuesto de la existencia o no de procedimientos de descontaminación (filtros, lavado de gases, etc.).

Los contaminantes emitidos son diversos. Los que reciben más atención son cuatro: las partículas y los óxidos de azufre, de nitrógeno y de carbono.

Las partículas

El carbón es el principal causante de la emisión de partículas de cenizas. Los fragmentos de la combustión de mayor tamaño (más de 10 micras) se depositan durante un tiempo breve en el suelo por acción de la gravedad, por lo que se llaman partículas sedimentables. Los de tamaño inferior a 10 micras no sedimentan, por lo que se llaman partículas en suspensión y se comportan como gases.

Tanto las partículas sedimentables, como las que se encuentran en suspensión, pueden causar efectos nocivos, al depositarse sobre plantas, casas y tendederos o al ser absorbidas en la respiración.

La emisión de partículas se está reduciendo paulatinamente en los últimos años, pues se trata de un tipo de contaminante relativamente fácil de atrapar antes de que salga por la chimenea. Hay que tener en cuenta que los sistemas de retención de partículas cuentan con larga experiencia en las centrales térmicas, con procedimientos que garantizan porcentajes de eliminación próximos al 100%.

Dióxido de azufre (SO2)

Procede de la combustión del azufre contenido en el combustible. Una central de tamaño medio -500 MW- alimentada con carbón con un contenido en azufre del 1%, produce aproximadamente 5 toneladas por cada hora de funcionamiento. Esta es una de las razones por las que se importa carbón, pues su contenido en azufre es sensiblemente inferior (en torno al 0,5%) al del carbón nacional (entre 1% y 5%).

El dióxido de azufre es el principal inductor de la lluvia ácida, cuando se combina con la humedad atmosférica para producir ácido sulfúrico. El ácido se deposita lentamente sobre los bosques y las masas de agua, llegando en casos extremos a afectar seriamente a grandes extensiones arboladas y acuáticas.

Hasta mediados de los 80, la emisión de SO2 aumentó en paralelo a la producción de electricidad en centrales térmicas. Desde entonces se está reduciendo paulatinamente, gracias al empleo de carbones importados y a procedimientos mejorados de descontaminación.

Óxido de nitrógeno (NOx)

La producción de óxidos de nitrógeno depende más bien de las condiciones en que se lleva a cabo la combustión, especialmente de la temperatura alcanzada.

Los óxidos de nitrógeno son una familia de contaminantes de variados efectos, a través de las combinaciones químicas en que participan en la atmósfera. También contribuyen a la lluvia ácida, y una de las principales fuentes de ozono en las capas bajas de la atmósfera -donde, a diferencia de la estratosfera, es un peligroso contaminante- es la acción de la luz solar sobre los óxidos de nitrógeno, en lo que se denomina "smog fotoquímico".

La reducción de emisiones de NOx está menos avanzada que la de partículas y SO2. No obstante, la industria está poniendo en marcha procedimientos -como el uso de quemadores de baja producción de óxidos de nitrógeno, y el empleo combinado de gas natural- con los que se confía lograr una reducción significativa de las emisiones en los próximos años.

Dióxido de carbono (CO2)

No es propiamente un contaminante (se encuentra en las botellas de refrescos carbónicos, por ejemplo) pero es un contribuyente muy importante al efecto invernadero. La cantidad de CO2 emitido por una central está en relación con el tipo de combustible usado (a igualdad de poder calorífico, el gas natural reduce a la mitad la emisión de SO2 en comparación con el uso de carbón o fuel).

También es importante el rendimiento de la central, pues reduce las emisiones de este gas por cada unidad de electricidad producida. Por esta razón, las centrales de gas de ciclo combinado pueden ser interesantes para reducir la emisión de este gas.

El efecto invernadero se crea al aumentar la concentración de CO2 y de otros gases en la atmósfera. La elevada concentración de estos gases funciona como el techo de cristal de un invernadero, que deja entrar los rayos del sol pero impide que se disipe el calor hacia la atmósfera.

El resultado de un efecto invernadero acrecentado sería una planeta cada vez más cálido, con consecuencias climáticas difíciles de predecir pero casi con toda seguridad indeseables. A partir del protocolo de Kioto, numerosos gobiernos han aceptado tomar medidas para reducir las emisiones de estos gases.

Indicadores de la contaminación creada por la fabricación de electricidad

Las medidas de producción + limpia están contribuyendo a reducir la emisión de contaminantes por cada kWh producido. Algunas centrales térmicas tienen ya índices de emisión próximas a cero, pero todavía queda mucho por hacer: la producción de 1 kWh todavía supone la emisión de 42 gramos de SO2, 18 de NOx y 1 de partículas en algunas instalaciones. Como media, la emisión de SO2 ha pasado de 10 a 8 gramos por kWh entre 1995 y 2000.



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