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Hacia una electricidad sostenible: el Protocolo de Kioto
Gestión de la demanda: más rendimiento con el mismo
(o menor) consumo de electricidad

La gestión de la demanda es una parte clave de las iniciativas para conseguir una electricidad sostenible. Se trata de estabilizar o reducir el consumo de energía eléctrica, pero sin menguar al mismo tiempo nuestra calidad de vida. Por lo tanto, no se trata de quedarnos sin frigoríficos ni iluminación, sino de disponer de luz y refrigeración con un consumo reducido de energía eléctrica. Esto se consigue con mejoras en el rendimiento de los aparatos que consumen energía eléctrica y con pequeños cambios en nuestra conducta.

Una de las claves de la mejora de la eficiencia en el consumo de electricidad está en reducir al mímimo la disipación de la energía. Aquí mostramos dos ejemplos, en una batidora y la lámpara. En ambos casos, la electricidad se consume en parte en calentar el artefacto, en lugar de producir un trabajo útil.



Conversión y eficiencia en el consumo de energía eléctrica.
En la conversión de la energía eléctrica en trabajo útil, una parte se aprovecha para el fin previsto (iluminar, enfriar, proporcionar movimiento, etc.) pero otra parte se disipa.
Algunos ejemplos de mejoras de la eficiencia son los siguientes:

Lámparas de bajo consumo

Las lámparas de bajo consumo utilizan la propiedad de ciertos materiales de emitir luz cuando son excitados por una corriente de electrones. Como no deben calentar un filamento hasta el punto de incandescencia, producen mucha más luz por cada unidad de energía eléctrica consumida.

Los modelos actualmente en el mercado producen cinco veces más luz por unidad de potencia. Así, una lámpara de bajo consumo de 20 W equivale a una convencional de 100 W. Tras 10 horas de encendido, la convencional ha consumido 1 kWh, y la de bajo consumo 0,2 kWh.



Las lámparas de incandescencia son muy poco eficientes, pues transforman en calor la mayor parte de la energía que reciben. Las lámparas de bajo consumo invierten esta proporción, por lo que sólo necesitan la cuarta parte de electricidad para producir la misma cantidad de luz.
Electrodomésticos de clase A y Energy Star

Existen muchos sistemas para que los electrodomésticos proporcionen las mismas prestaciones con un consumo reducido de electricidad. Por ejemplo, los frigorificos con aislamiento reforzado consumen hasta la mitad de electricidad que los convencionales. Los electrodomésticos con esta propiedad se identifican con una serie de etiquetas. Las etiquetas Energy Star identifican aparatos informáticos con un consumo reducido de energía.

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Mejora de la eficiencia en usos térmicos: mejoras de aislamiento

La calefacción eléctrica o el aire acondicionado mejoran mucho su rendimiento si la casa donde funcionan está bien aislada, con lo que se evitan pérdidas inútiles de calor y frío. Es una muestra de una manera indirecta, pero muy eficaz, de ahorrar energía eléctrica.


La eficiencia también puede disminuir por un uso incorrecto. Aunque el calefactor sea muy eficaz transformando la electricidad en calor, una ventana mal cerrada hace que deba gastar mucha más energía para alcanzar la temperatura de confort deseada.
Nuestra conducta también es importante

Hay muchas cosas que podemos hacer en nuestras casas para reducir el consumo eléctrico. Por ejemplo, evitando dejar vídeos y televisores toda la noche en stand by, eligiendo programas en frío al usar la lavadora, descongelando regularmente el frigorífico, si es un modelo que produce escarcha, reduciendo en uno o dos grados la temperatura de la calefacción, o elevando unos pocos grados la del aire acondicionado y, por supuesto, apagando la luz cuando salimos de una habitación. Consulta y pon en práctica las diez medidas para ahorrar electricidad en nuestra casa o en nuestro centro educativo.



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