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La Máquina del Tiempo
La electricidad comercial tiene ya casi un siglo y medio de vida, y probablemente le quedan muchos más durante los cuales su importancia seguirá creciendo.

La llamada "segunda revolución industrial"

La primera revolución industrial (finales del siglo XVIII y primera mitad del XIX) estaba basada en la caldera de vapor. Multiplicó la fuerza disponible en la industria y el transporte (barcos y ferrocarriles), pero era poco adaptable y difícil de aplicar a usos domésticos y comerciales. El motor de explosión de gasolina permitió el surgimiento de automóviles y aviones, pero tampoco era de aplicación universal. Tuvieron que ponerse en marcha los primeros procesos de fabricación y distribución de electricidad comercial para que la energía entrara literalmente en las vidas de todos, entre finales del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX.

La generalización del uso del petróleo y la electricidad permitieron entonces hablar de una "segunda revolución industrial", que supuso una revolución en la vida cotidiana de las personas. Desde un principio, la electricidad fue considerada como la energía panacea, capaz de mejorar la vida de todos. Las exposiciones universales reservaban un lugar de honor a la electricidad, y técnicos e inventores se afanaban en crear aplicaciones prácticas para el nuevo tipo de energía.

La primera lámpara eléctrica (Edison)

La primera locomotora eléctrica (Siemens)


Los comienzos: cuando la electricidad era luz (1875 - 1925)

El objetivo de las primeras fábricas de electricidad era proporcionar fluído para la iluminación mediante lámparas de incandescencia. Estas fábricas eran pequeñas centrales térmicas, por lo general localizadas en el interior del casco urbano, y funcionaban quemando carbón o gas de alumbrado, un derivado del carbón.

La energía se distribuía al alumbrado público y a algunas casas pudientes. Poco a poco se fue extendiendo su uso al transporte -metro y tranvías- a las fábricas y a usos comerciales, al mismo tiempo que comenzaba su inclusión en todos los hogares.

Existían muchas compañías de pequeño tamaño, que distribuían electricidad de manera local, a determinados barrios, calles o incluso pisos dentro de cada edificio.

Barcelona fue la primera ciudad española que contó con una central eléctrica comercial, montada en 1875 por Xifré y Dalmau. Suministraba electricidad para el alumbrado de varios establecimientos y talleres. Una de estas empresas, la Maquinista Terrestre y Marítima, es considerada como la primera entidad que firmó un contrato de suministro eléctrico.

Seis años después entraba en funcionamiento la primera central eléctrica en la ciudad de Madrid. Parte de su producción se empleó para alumbrar la Puerta del Sol, una iniciativa en la línea de transformar la capital del país en una gran ciudad europea. Poco a poco, el alumbrado público eléctrico se convirtió en habitual en las ciudades españolas.

La edad de oro de la hidroelectricidad (1925 - 1960)

Desde comienzos del siglo XX, los gobiernos toman cartas en el importante asunto de la fabricación y distribución de electricidad. Las compañías compran concesiones para abastecer determinados territorios, y se crea una incipiente red de distribución de larga distancia, desde las centrales, cada vez más grandes, hasta los puntos de consumo. Esto fue posible por el empleo de corriente alterna, que posibilita su transporte a largas distancias, lo que no permitía la corriente continua empleada anteriormente.

Al mismo tiempo, en España se plantean ambiciosos planes hidrológicos, que implican la construcción de numerosos embalses. Así comienza el aprovechamiento hidroeléctrico intensivo, que multiplicó la disponibilidad de energía.

Producción de electricidad hidráulica, térmica y nuclear en porcentajes. Se ve con claridad la "edad de oro" de la hidroelectricidad, aproximadamente entre 1925 y 1975. En años posteriores la producción hidroeléctrica será superada por la producción térmica y más adelante por la nuclear.

También datan de los años 20 los primeros electrodomésticos prácticos: refrigeradores, lavadoras, cocinas, mientras que las radios y gramófonos eléctricos son cada vez más populares. Todo esto incrementa poco a poco la demanda de electricidad.

La Guerra Civil y la Postguerra fueron tiempos difíciles para la electricidad. Algunas instalaciones fueron destruídas, y los equipos resultaban difíciles de mantener en funcionamiento por la carencia de suministros y repuestos. El crecimiento continuo de años anteriores de la producción eléctrica se quebró varias veces en los años 40, siendo frecuentes las restricciones y apagones.

Una de las respuestas a este estado de cosas fue la creación de UNESA (Unidad Eléctrica, S.A.) en 1944, agrupación de las empresas del sector, con la intención de coordinar e incrementar la producción y completar la red de distribución. A partir de la segunda mitad de los años 50, comenzó un proceso acelerado de construcción de nuevas centrales y de extensión de la red.

El gran crecimiento (1960 - 1985)

La construcción de la gran mayoría del parque de centrales de fabricación de electricidad tuvo lugar entre 1960 y 1980. Se construyeron grandes centrales hidráulicas, térmicas y nucleares. La hidroelectricidad perdió su primer puesto hacia 1970, en favor de la producción térmica, que fue enérgicamente incentivada y se basaba en un gran porcentaje en el consumo de petróleo importado. Pero la gran crisis energética de los años 70 hizo volver la atención al empleo de carbón nacional para las centrales térmicas.

La primera central atómica entró en servicio en 1969, pero sus grandes proyectos de desarrollo se truncaron cuando en 1987 se declaró la moratoria nuclear.

En conjunto, la producción eléctrica creció con gran rapidez durante los años 60 y 70, hasta el punto que se multiplicó por cuatro entre 1960 y 1973.


Un siglo de electricidad: Evolución de la producción de electricidad hidráulica, térmica y nuclear en términos absolutos, 1900-2000.

La construcción de todas estas centrales era necesaria para abastecer a una demanda que crecía a toda velocidad. Hacia 1980, por ejemplo, ya había en todos los hogares un televisor, una lavadora y un frigorífico, electrodomésticos que 30 años antes era una curiosidad que sólo podían permitirse los más ricos.


Hacia la estabilidad y la sostenibilidad (Desde 1985)

La evolución de la producción y consumo de electricidad en España en los últimos años permite trazar las principales tendencias que tendrán importancia para los años venideros.

Ya se están produciendo cambios significativos tanto en la manera de fabricar electricidad (con una importancia creciente de las energías emergentes, basadas en la fuerza hidraúlica, eólica, solar y de la biomasa, así como de la cogeneración) como en la manera de consumirla (por la implantación progresiva de objetivos de mejora de la eficiencia en el consumo y gestión de la demanda).

Aquí puedes encontrar información más detallada sobre la evolución de la producción y consumo de la electricidad:

Cambios en la manera de fabricar electricidad de origen térmico, nuclear, hidroeléctrico y eólico y otras energías emergentes.

Cambios en la manera de consumir electricidad



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